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TOMÁS, EL MISIONERO QUE "DES-CUBRIÓ" EL REINO

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Tomás, el misionero de Jesús Tomás quería ser misionero. Soñaba con viajar a lugares exóticos para predicar la Palabra de Dios, pero sentía que aún no estaba listo. Su pastor le había dicho que antes de “anunciar” el reino primero tenía que “des-cubrir” lo que significaba. Pero no sabía cómo. Esa noche, mientras caminaba a casa, oró a Dios pidiendo que le ayudara.  Al día siguiente Tomás fue a visitar a su tío predicador que vivía en San Juan de Lurigancho para preguntarle cómo descubrir el reino. En el bus conoció a una mujer anciana a quien todos llamaban cariñosamente mamá Antonia. Ella es una de las miles de mujeres que fueron afectadas por el conflicto armado interno que asoló el Perú entre los años 1980-2000 y que vivía como desplazada en Mariátegui. Mientras viajaban mamá Antonia le contó que su esposo, un comerciante de juegos infantiles, fue desaparecido por agentes militares en el año 1984 cuando se encontraba en una feria en Tambo (La Mar, Ayacucho) ofreciendo s...

EL CUMPLEAÑOS DE LA PROFESORA

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  Hace unos cuantos años atrás -no muchos en realidad-, 47 inquietos estudiantes de educación primaria coincidieron en una misma aula. Eran 47 vocecillas chillonas que gritaban sin parar; 47 mentes frescas ávidas de conocimientos; 47 inteligencias capaces de tramar la más inverosímiles travesuras; 47 corazones dispuestos a tejer vínculos de amistad capaces de resistir toda prueba.   Fue la coincidencia más feliz de sus vidas. En realidad era una coincidencia que estaba escrita de antemano en los anaqueles del tiempo y de la historia. ¡Sí, aunque resulte inverosímil, era una coincidencia escrita de antemano! Lo que también estaba escrito es que a aquella aula llegaría una excelente profesora graduada no hacía mucho tiempo. Era una profesora joven, hermosa, cariñosa, inteligente, creativa y con una enorme capacidad para tolerar a 47 estudiantes chillones, traviesos, risueños, felices pero muy distraídos.   No es difícil imaginar las épicas batallas que tuvo a...

EL DIFÍCIL CAMINO DEL AMOR

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Caminaba aturdida, confundida y cabizbaja sin saber qué sentir exactamente. Todos los sentimientos se le agolparon como caballos en estampida, rezongando al unísono, llenos de furia y de miedo, como una protesta multitudinaria y bulliciosa por las calles de Lima. Todos los sentimientos juntos hacían imposible definirla. Sentía rabia, mucha rabia. Sentía angustia, mucha angustia. Sentía pena de sí misma y conmiseración. Sus lágrimas, como queriendo consolarla, asomaron decididas a mirarle a la cara. Era la enésima vez que un novio la terminaba. Era la enésima vez que tenía que pasar por el mismo valle solitario, lúgubre y tenebroso que significaba no ser amada. Era la enésima vez que pasaría días, semanas e inclusos meses sin comer, sin dormir y sin querer ver a nadie más que a sí misma: verse languidecer y morir a plazos. Porque cuando se guarda un mínimo de esperanza en la llegada del "príncipe azul" no se puede morir al contado. Encerrada en los muros de una sol...

ANOCHE DORMÍ CONTIGO

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No pasó ni un día separado de ella y ya lo extrañaba a mares. Todo el camino que hay entre Moyobamba y El Dorado lo pasó pensando en la última conversación que tuvieron la tarde anterior. Pero, más que la conversación, lo que recordaba eran las coordenadas en que se dio esa conversación. Era una tarde soleada y ella estaba radiante, preciosa. Llegó empujando su cochesito como Ayrton Senna en versión femenina. Lucía un shorcito color rosado que dejaba ver sus hermosas piernas. Cuando la vio sonrió traviesamente y le dijo, casi como en un susurro: "eres una madre súper sensual". Ella sonrió discretamete, se sentía complacida. Él pensó que lo hacía a propósito con la intensión de matarlo de un infarto. Y si eso sucedía, sería una grandiosa forma de morir. Ya era de noche cuando llegó a su destino así que se puso a buscar un buen lugar donde descansar. Cerca de la plaza central, que muchas veces es lo más atractivo en lugares tan deprimidos como la selva, encontró un hote...

¡NO VOY A BESARTE!

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Esa fue la advertencia que la estudiante de inglés le hizo a su novio cuando él, traviesamente, le propuso tomar otra ruta para llegar a su casa. Esa nueva ruta, por supuesto, le tomaría unos minutos más para estar con ella antes de despedirse. Pero, su decisión estaba tomada, no lo besaría así dieran mil vueltas alrededor de su casa antes de entrar. Estaba cansada físicamente, agotada mentalmente y algo mal humorada por los síntomas que preceden al período menstrual. Era comprensible que en tales circunstancias no tuviera ganas de besar a nadie. Lo único que quería era llegar a casa, quitarse los zapatos, tomar algo caliente y meterse en la cama. Los besos podían esperar. Él, que no entiende de síntomas femeninos, insistió un poco; ella, que no tenía fuerzas para iniciar otra pelea, asintió, no sin antes espetarle su advertencia: "¡no voy a besarte, ah!". Tal advertencia, si no fuera entendida en su respectivo contexto, se podría calificar de mezquindad, de desamor. ...